No soy nada especial en la cocina, lo poco que se hacer ha sido causa de mirar al resto como lo hace y gracias a mi memoria extraña que no siempre me colabora termino olvidando la mayoría de cosas que trato de aprender. Pero nadie dijo que no tuviera un talento especial en ella, y no es lavar la la loza!
Cuando era mas pequeña, mi mamá siempre me ponía a ayudarla cuando decoraba los ponques o tortas que en ese entonces hacia bastantes, no me gustaba mucho porque mi trabajo consistía en limpiar lo que se iba ensuciando pero fue así como me empezó el gusto y la disposición para crear esas pequeñas y comestibles obras de arte.
Empece, o eso creo, en las navidades, planeando lo que íbamos a regalar, unos años cupcakes que decore a la libertad de mi imaginación, otros años tortas de vino en la que mi habilidad se vio contratada para finalizarlas, y mis mejores creaciones: las galletas. Hacia miles, muchísimas, y no solo para navidad, luego para venderlas en la universidad y luego para venderlas al por mayor. Adoraba dejarlas irresistiblemente deliciosas.
Y no seré muy buena en la cocina, pero la hora del postre es la mía.
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