lunes, abril 2

Lamento do Morro

Hay días de revolución, de pelea contra el pelo, la ropa, la cama y hasta el sueño.
Y hay muchos pensamientos de días acumulados, de algo que se siente y que no se expresa, que no se afronta, o que no encontramos.



Y entonces vienen los pensamientos donde mejor me vienen, y no es en la ducha, yo no canto, no bailo y no me surgen ideas por lavarme la cabeza, el agua solo me nubla, igual que cuando nado, no puedo sentir nada mas que mi respiración; pero los pensamientos tienen su propio sitio en mi vida. La contemplación de paisajes cautivantes, que quitan el aliento, son los mejores para pensar, y en mi caso son los mas apropiados para crear. Siempre acompañada de música, disfruto el paisaje y entonces llegan los recuerdos, las cosas sin terminar, los deberes, el trabajo, nuevos proyectos y nuevas sensaciones de vivir cosas nuevas. Y viene los recuerdos mas extraños, los mas sepultados; como si viera una pelicula, recorde un beso que nunca sucedió y eso me recordó los esporádicos encuentros, y eso me recordó la cobertura, y eso me recordó su vista y por ende el mar.

Recorde la falta que me hace un sitio para escabullirme del ruido, un paisaje por contemplar y pensar. 

Concluí que no extraño Fortaleza, si no que extraño la libertad que me producia, donde correr, mirar  y sentir.

Y mi sitio para pensar, donde vienen todas las cosas: los trayectos en bus desde mi casa hasta Bogotá. 

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