La atmósfera se sentía pesada, el viento traia preocupacion y tristeza, nadie podia hacernos sentir mejor. Sabíamos que estaba sucediendo en los pueblos cercanos pero no quisimos aceptarlo. Mis papas pensaban que pronto se acabaría. No fue así.
Esa mañana nos habían citado al borde más alto donde se encontraba la presa de agua. Era peligroso ese sitio, y estabamos allí como zombies, ahorrándoles la culpa a los abusadores. A los más jóvenes nos pidieron que cogiéramos a un niño pequeño y lo tiráramos por la presa. Yo sujetaba a uno, pero no podía soltarlo, fuimos obligados a cometer homicidios a sangre fria. Fui la ultima en soltarlo.
Bajamos con mi hermano a casa y sin hablar. Era casi un hecho que la maldad se había acercado lo suficiente y que seriamos los siguientes. Ideamos un plan de escape, recordamos la casa del fantasma que quedaba en un pueblo cercano por donde ya habían pasado y probablemente no volvieran pronto. Yo no quería ir, realmente me asustaba esa casa blanca cerca al río en donde semanas atrás habíamos estado, pero no había otra solución.
Muy de madrugada salimos silenciosos de casa. Mi mama nos dijo que nos encontraríamos mas tarde en el sitio para no levantar sospecha de nuestra huida. Pero no éramos los únicos. Todos los que habíamos asistido la mañana anterior a la presa estábamos caminando en la misma dirección y huyendo. Se sentía la presión en la espalda, la miserable muerte acorralaba nuestros pasos.
Cuando alcancé a imaginar que estábamos en peligro ya era tarde, soldados en camiones aparecieron y empezaron a someter y a matar a los que cogían. Mi hermano se escondió y yo hice lo mismo debajo de un arbusto. No salí hasta que volvió la calma. Tenía miedo.
Mi hermano salió y seguimos caminando con el resto de sobrevivientes; caminábamos hacia una emboscada. Cuando el sol ya casi se ponía, pasábamos cerca a una estación de tren desolada de donde salieron los soldados. Reacción inmediata salte a una zanja y trate de esconderme pero no supe que había hecho mi hermano. Debajo de la zanja solo podía pensar en el, no estábamos muy lejos de la casa blanca del río y mis padres estarían allí para escondernos. Una camioneta paró cerca a la zanja y al bajar un soldado me vio. Con mis ojos le supliqué que me ignorará y no me hiciera daño y el me indico que tenia que cubrirme mejor. Con barro ensucié mi saco para camuflarme y me acosté lo mejor que pude para esconderme. Empecé a oír gritos, balas, camiones.
Luego ya no oí nada, solo pensaba en mi hermano, suplicaba porque estuviera bien.
Pensaba en mis padres.
No podía moverme. me quede mucho tiempo debajo de la zanja quieta, entre el barro y en silencio. Una parte de mi se levantó y no pudo saber nada de mi hermano, solo habían cuerpos abandonados y las huellas de los camiones que ya se habían marchado. Pero no podía moverme. Había muerto.